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¿Qué es la prosperidad?

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Graciela
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¿Qué es la prosperidad?

Mensaje por Graciela el Lun Sep 09, 2013 1:00 pm

¿Te truenas los dedos cada vez que te llega el recibo de la luz, pensando cómo le harás para pagarlo? ¿Se te descompuso el carro y no tienes el dinero para la reparación?


A veces pensamos: no quiero mucho, sólo lo necesario para no tener que estarme mortificando para pagar los servicios, la comida y la ropa.

Este domingo pasado nuestro pastor predicó acerca de la prosperidad, y me pareció sumamente interesante y de gran bendición el tema.

¿Qué es la prosperidad? ¿Qué se nos viene a la mente cuando escuchamos esa palabra?

Por lo general la relacionamos con éxito financiero, estabilidad económica, abundancia de bienes materiales, gran capacidad adquisitiva, etc.

En realidad la palabra sí tiene connotaciones económicas.
Definicion.de escribió:La prosperidad es el bienestar material que permite liberar a la persona de las angustias económicas.
Wordreference escribió:Bienestar, mejora de la situación económica o social.
Nótese que aquí se agrega la palabra “social”, con lo cual se asume que bienestar económico va de la mano con el bienestar social; o sea, entre más alta sea la esfera económica en que nos movamos, también más alta la esfera social en donde se nos permite vivir.

También la Wikipedia asocia la palabra “prosperidad” con aspectos económicos: se da (o se suele dar) en un período de crecimiento económico, cuando la buena calidad de vida en el conjunto de la población de una determinada región geográfica, puede ser calificada como próspera.
The Free Dictionary escribió:Curso favorable de las cosas; buena suerte o éxito en lo que se emprende, sucede u ocurre.
Ésta es una definición más amplia.

Como podemos ver, la mayoría de las definiciones se enfocó en el aspecto económico, material, de dinero, bienes, cosas tangibles, que pueden guardarse, atesorarse, almacenarse, acumularse.
Salmos 119:10—16 escribió:Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. Bendito tú, oh Jehová; enséñame tus estatutos. Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca. Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras.
Llama la atención que el salmista mencionó “En mi corazón he guardado tus dichos”… Como si “los dichos” fueran algo tangible, algo que pueda almacenarse, guardarse, atesorarse o acumularse, como los bienes materiales.

Y de hecho, en varias partes de la Biblia se nos previene acerca de acumular riquezas más que atesorar “los dichos”.

Como sucedió con el hombre de la parábola del granero (Lucas 12:16—21), el cual era tan rico que ya no tenía dónde guardar sus bienes; entonces decidió construir edificios más grandes para poder almacenar ahí todas sus posesiones. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto ¿de quién será?

Más aún, se nos exhorta a que no sólo “guardemos los dichos”, sino que nos deleitemos en ellos, que nos gocemos y nos regocijemos en cumplirlos.

Puedes ver más ampliamente este punto en el tema [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

Hay promesas poderosas para cuando nos decidimos a “guardar los dichos” de Dios en nuestro corazón:
Salmos 1:2—3 escribió:Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.
Isaías 52:13 escribió:He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto.
Entonces ¿cómo se puede “guardar” la Palabra de Dios en el corazón?

Leyéndola, aprendiéndola y poniéndola en práctica.

De esta forma podemos ser prosperados primeramente con paz:
Filipenses 4:7 escribió:Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
¡Fíjate! ¡La paz que sobrepasa todo entendimiento! ¿La has experimentado? ¿Has estado en medio de una tragedia, un problema, un conflicto, una situación desesperada, y de pronto te das cuenta con sorpresa que tu corazón está en paz, como protegido por una burbuja de cristal, y que no te toca ni el miedo, ni el desánimo, ni la angustia? Ésa es la paz que nos promete Dios cuando “guardamos sus dichos” en nuestro corazón.

También nos promete alegría y gozo:
Juan 15:11 escribió:Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
Proverbios 10:28ª escribió:La esperanza de los justos es alegría
¿Quiere esto decir entonces que aun cuando tengamos miles de problemas económicos, tendremos paz, alegría y gozo?

Definitivamente la respuesta es “sí”. Porque Dios nunca permite que nuestra necesidad se torne en desesperación, pues como
Mateo 6:25 escribió:Por tanto os digo: no os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
O sea, ya el hecho de estar vivos y tener salud es más que tener qué comer y qué vestir.
Mateo 6:31—34 escribió:No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
Qué Palabra tan poderosa… No te truenes los dedos, no llores de angustia porque no tienes dinero para pagar las cuentas, o para comprarles comida a tus hijos. Dios sabe que tienes esas necesidades. Todos tenemos estas necesidades, cristianos, católicos, musulmanes, budistas, ateos, etc.
Pero a los que nos considera “hijos” nos dice “No te afanes, que yo me ocupo de tus necesidades. Tú sólo sigue enfocándote en mí, en guardar mis dichos, en poner en práctica mi Palabra, en compartir a otra gente de mi amor, y yo me encargo de todo lo demás”.

No hay palabras para describir esta experiencia tan maravillosa. Si nunca lo has probado, te recomiendo que lo hagas, porque luego de dar este paso de fe, tu vida nunca será igual.

Si aún no eres un hijo de Dios, si aún no has recibido a Cristo en tu vida como tu Señor y tu Salvador personal, es muy buen tiempo para hacerlo, y experimentar esta vida abundante que nos ha prometido a los que le servimos, aún en medio de dificultades económicas.

¿Te preguntas por qué necesitas aceptar a Cristo como tu Salvador personal? ¿Tal vez eres un católico sincero, y piensas que todos somos hijos de Dios? [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

Si no tienes dudas al respecto, y te has decidido a aceptar el regalo de la salvación, te invito a que hagas esta oración en voz alta:
Y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, te acompañe todos los días de tu vida, a partir de este momento, y hasta que se cumpla tu gozo en presencia de nuestro Señor Jesucristo.



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