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Entrando por la Puerta Estrecha


El síndrome de Marta (Marta syndrome)

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Graciela
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Especialidad(es): Historia

El síndrome de Marta (Marta syndrome)

Mensaje por Graciela el Dom Feb 03, 2013 10:47 pm

Los has visto: hermanos o hermanas que son extraordinariamente serviciales; por lo general son muy buenos para algo, ya sea para cocinar, hacer las cuentas financieras, el mantenimiento de las instalaciones, administrar el dinero, dar clases en la Escuela Dominical, etc. De pronto dan la sensación de que sin ellos, todo el sistema de la iglesia se vendría abajo.

Su brillante eficiencia hace que todos los demás miembros de la iglesia parezcan simples espectadores holgazanes y comodinos. Ah, pero eso sí... constantemente se quejan de que nadie les ayuda, de las enormes cargas que tienen en la iglesia, y de las pesadas responsabilidades que se les han echado a cuestas. Y cuando les sugieres que dejen algo, que descansen, te ignoran y continúan lamentándose de la falta de compromiso de los demás hermanos.

A esto yo le llamo el Síndrome de Marta.

Lucas 10:38-42 escribió:
38 Jesús siguió su camino y llegó a una aldea, donde una mujer llamada Marta lo hospedó. 39 Marta tenía una hermana llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús para escuchar lo que él decía. 40 Pero Marta, que estaba atareada con sus muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo:

—Señor, ¿no te preocupa nada que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude.

41 Pero Jesús le contestó:

—Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas, 42 pero sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar.


Muchos de nosotros, al leer este pasaje, creemos que el Señor Jesucristo nos sugiere que es preferible que dejemos los trastos sucios, a hijos y marido sin atender, la ropa sin lavar, la casa sin barrer, y nos vayamos a la iglesia en donde ocuparemos mejor el tiempo.

Sin embargo, conforme vamos conociendo cada vez más a Dios y su carácter, nos damos cuenta de que el problema de Marta no fue que se esforzara en atender bien a sus invitados. Después de todo, para que un hogar sea funcional se necesita que alguien cocine, barra, lave, limpie y ordene, ¿qué no?

No, lo que Marta tenía era un problema de actitud. ¿Reconoces los sentimientos negativos en ella? Envidia, celos, resentimiento, soberbia, orgullo, falta de amor...
Proverbios 11:2a escribió:El orgullo acarrea deshonra;
De forma lamentable sucede que los hermanos con el síndrome de Marta terminan yéndose de su congregación debido a que consideran no haber recibido el reconocimiento que sienten que merecían. Y no faltarán quienes les expresen su apoyo con frases como "A ver qué hacen ahora sin ti", "Qué bueno que te vas, para que se les quite lo abusivos", "ya verás cómo al rato te van a volver a llamar", "Ya era tiempo de que no te siguieras dejando", "Verás que sin ti la iglesia se viene abajo", etc... Y tampoco faltarán aquellos que expresarán desaprobación: "Se creía el todólogo. En todo andaba, mandando, ordenando, organizando y disponiendo, como si fuera el dueño de la iglesia", "Qué bueno que se fue, a ver en dónde lo aguantan".

Si analizamos bien estas situaciones, cabe preguntarse, ¿quién de todos tiene la razón? ¿Es malo entonces ayudar en la iglesia?

Creo que aquí la respuesta es muy sencilla: ninguno tuvo la razón. Y digo esto por algo más simple todavía: Cualquier actividad, palabra, tono, expresión, ademán, mirada, etc., que provoca división y deterioro de las relaciones personales, está totalmente fuera de la aprobación de Dios. Y todo lo que está fuera de la aprobación de Dios, se le puede llamar con una sola palabra: PECADO.

Por lo tanto, concluimos, ¿cuál fue el pecado de Marta? ¿Por qué le llamó la atención el Señor Jesucristo? Ciertamente no fue porque le estaba preparando la comida... Fue porque vio su corazón lleno de sentimientos malos, y con un objetivo más malo aún: el querer provocar que el Señor regañara a María por no estar ayudando en los quehaceres.
Proverbios 6:16 escribió:Hay seis cosas, y hasta siete,
que el Señor aborrece por completo:
17 los ojos altaneros,
la lengua mentirosa,
las manos que asesinan a gente inocente,
18 la mente que elabora planes perversos,
los pies que corren ansiosos al mal,
19 el testigo falso y mentiroso,
y el que provoca peleas entre hermanos.
¿Quieres asegurarte de no comportarte de forma aborrecible ante el Señor? Asegúrate de nunca jamás observar una conducta que provoque divisiones, rencillas o pleitos.



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